El término cultura proviene del latín cultus, que a su vez deriva de la voz colere, que tenía gran cantidad de significados como habitar, cultivar, proteger, honrar con adoración, cuidado del campo o del ganado
El concepto de cultura ha variado a lo largo de la historia. En su origen etimológico, la palabra cultura proviene del latín cultus que significa “cultivo” o “cultivado”. Este término es el participio pasado de la palabra colere que significa ‘cultivar’.

En la Edad Media, cultura designaba un terreno cultivado. En el renacimiento apareció la idea del hombre “cultivado”, es decir, alguien instruido en literatura y bellas artes.

Con el desarrollo de las ciencias sociales en el siglo XX, el sentido de cultura se ha ido ampliando, hasta dar con el que le atribuimos en la actualidad.

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SOBRE EL PERIODISMO CULTURAL EN ARGENTINA.

  • Un lugar donde se puede estudiar:

En la FACULTAD DE PERIODISMO Y COMUNICACIÓN DE LA PLATA, hay un posgrado EN ESPECIALIZACIÓN EN PERIODISMO CULTURAL.

Reconocer los fenómenos culturales y estéticos en el marco de campos artísticos conflictivos constituidos por tensiones y relaciones de fuerzas, negociaciones y divergencias respecto de la significación.

Constituirse como agentes de esos campos conflictivos participando de las disputas por la significación, transformándose en actores legítimos para discutir las reglas que estructuran el campo e intervenir en el periodismo cultural como motor de políticas culturales.

Adquirir técnicas narrativas que abonen los géneros constitutivos dentro del periodismo cultural.

Desarrollar un registro escritural que pueda consolidarse como un estilo que logre incorporar y profundizar las tensiones y los debates contemporáneos en relación a los fenómenos culturales y sus modos de producción y consumo.

Objetivos

Promover un espacio académico dirigido a la consolidación y profundización de la formación permanente de los profesionales del campo de la comunicación en el conocimiento y la intervención en prácticas, medios y ámbitos periodísticos – culturales.

Crear espacios de reflexión para la construcción de una agenda profesional en periodismo cultural desde puntos de vista formados por nociones complejas, que permitan interpretar la producción tradicional de las bellas artes y las bellas letras como así también otras prácticas sociales.

Contribuir a la formación de periodistas orientados hacia temáticas culturales con una formación académica sistemática que retome los problemas teóricos constituidos en el campo de las ciencias sociales y las bellas artes a lo largo del siglo XX.

Fomentar la capacidad interpretativa de los profesionales hacia los productos culturales, para establecer sus condiciones de producción, sus pertenencias a tradiciones y/o sus grados de innovación en la cultura y las prácticas sociales.

Promover un perfil profesional con una formación crítica en géneros y estilos mass-mediáticos vinculados al periodismo y la producción cultural, como así también la creación de nuevos géneros y estilos para el periodismo cultural.

Focalizar en la lectura crítica, que les permitan analizar y cuestionar cómo funciona el campo del periodismo cultural.

Plan de estudios

El Plan de estudios se organiza entre materias obligatorias y seminarios optativos:

Materias Obligatorias:

Aproximaciones al concepto de cultura
Sociología del Arte
Taller de producción I: Crónica y reportaje cultural.
Taller de producción II: Entrevistas, Perfiles y Diálogos
Problemas estéticos: perspectivas, tensiones y debates contemporáneos.
Seminario de Actualización en Estudios Culturales
Taller de redacción III: Critica, Reseñas y Comentarios.
Taller de producción del Trabajo Integrador Final (TIF)
Seminarios Obligatorios:

Seminario sobre historia del periodismo cultural argentino.
Seminario sobre vanguardias e industrias culturales de masas.
Seminario sobre escritura crítica.
Seminario sobre análisis literario.
Seminario sobre arte digital.

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Una mirada sobre el como ha ido evolucionando el periodismo cultural en la Argentina desde los años 80

El periodismo cultural –su impronta, su futuro– parece ser uno de los grandes temas abiertos a la interrogación del nuevo siglo. Acosado, acoplado, escindido, proliferado, dependiente de las nuevas tecnologías de la comunicación, se recuesta apaisado sobre internet. Pero por inercia y también por tradición, internet sigue siendo para el periodismo cultural una suerte de prolongación y soporte de la cultura letrada, como un gran libro sin papel. La perspectiva sobre la cultura pop, uno de los bocados favoritos del periodismo cultural al menos desde los 80, con ínfulas tanto retro como futuristas, no llega a romper amarras con su trasfondo de materia literaria, de cita infinita de la cultura libresca. La biblioteca será virtual o audiovisual, pero no deja de ser Biblioteca. El auge de la crónica in situ de estos años es un fenómeno periodístico tan atendible como paradójico en tiempos de pantallas y exceso a la información digital. Ir al territorio suena tan refrescante como disparatado, o anacrónico. Como si el planeta hubiera sido arrasado y alguien, que salió a buscar vida en otras comarcas, volviera para contar lo que recogió en sus viajes extraordinarios. Lo escuchan con cierta compasión mezclada con destellos de sorpresa (“¡Gracias, habíamos olvidado el mundo real!”).

Los formatos del periodismo cultural (la entrevista que ya no requiere del cara a cara; la reseña crítica que admite una primera persona ya no tan encubierta; la columna caprichosa y arbitraria pero que rompe cierta inercia de objetividad; el ensayismo en sus variables múltiples pero sin citas al pie) son aceptados. La honorabilidad del periodismo cultural es aceptable. Hasta el medio más espurio y mentiroso puede aspirar a tener, y de hecho tiene, un honorable Suplemento o Revista cultural. Ya no es necesario recurrir a aquellas combinaciones bienpensantes y líberals que se condensaban en la divisa “de derecha en política, de izquierda en cultura” y cuyo paroxismo en la Argentina fue alcanzado en el diario Convicción de la Marina, que pasaba no sin elegancia de la mesa de tortura al canapé. Hoy, todas las combinaciones son posibles porque todo se ha flexibilizado en extremo y porque la autonomía relativa del periodismo cultural es muy considerable. Nada en las aguas bastante tranquilas que van entre la cultura y el arte (lo literario y lo artístico) y también puede discutir de políticas culturales a favor o en contra o ni a favor ni en contra, lo único que se puede afirmar sin temor a equivocarse es que no ha logrado penetrar, ni torcer ni quebrar, ni siquiera seducir, a la televisión de pantalla grande. Ese mundo de la gran tevé le resulta opaco e inaccesible. No es sólo por el rating sino que el antiintelectualismo de los gerentes, productores y de los miembros de la farándula de la tevé es irreductible e impermeable a cualquier atisbo de discurso que necesite de un mínimo de complejidad para desarrollarse. Y por eso el mundo intelectual, no sin lógica, casi ha renunciado a entender a la televisión y prefiere correr detrás de otras configuraciones de lo popular, más lejanas y filtradas, como las del actual fenómeno de las series “inteligentes”.

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Una posible definición.

Jorge Rivera, reconocido periodista crítico, ensayista y poeta argentino, define al
periodismo cultural como:

[cita “una zona compleja y heterogénea de medios, géneros y
productos que abordan con propósitos creativos, críticos, reproductivos
o de divulgación, los terrenos de las “bellas artes”, “las bellas letras”,
las corrientes del pensamiento, las ciencias sociales y humanas, la
llamada cultura popular y muchos otros aspectos que tienen que ver con
la producción, circulación y consumo de bienes simbólicos, sin importar
su origen o destinación estamental” (Rivera, 1995: 25)]

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